AUTOLESIONES
- veronicadebernardo
- 17 jul 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 18 jul 2024

En el transcurso de nuestra vida tenemos que enfrentarnos a situaciones dolorosas, y en muchas ocasiones, difíciles de gestionar, muchas veces no tenemos las herramientas suficientes para poder hacerles frente, o simplemente para poder gestionar y regular las emociones derivadas de éstas. Esto hace que muchas personas, fundamentalmente los adolescentes, desarrollen ciertas conductas, como las autolesiones, para poder afrontar y “sobrellevar” dichas situaciones.
En el presente artículo intentaremos dar respuesta a cuestiones como; en qué consisten las autolesiones, porque es más frecuente que se den estas conductas en la adolescencia, qué función cumplen, qué sentimientos pueden despertar en la persona que se auto infringe este daño, y, por último, qué factores de riesgo pueden motivar su aparición.
Entendemos las autolesiones como cualquier acto que se realiza de forma intencional, dirigido hacia uno mismo, que genera un daño físico, generalmente, sin intención suicida, este se puede manifestar de diferentes formas, como golpes, quemaduras o cortes.
Pero, ¿por qué son más frecuentes las autolesiones en la adolescencia?, como ya sabemos, esta es una etapa de transición, de cambios, tanto a nivel físico como psicológico. Como consecuencia de estos cambios, los adolescentes se enfrentan a ciertas crisis, o problemas para los cuales, en algunas ocasiones, no poseen las suficientes herramientas para hacerles frente, de ello se puede derivar una mala gestión emocional, que, al no saber afrontar de otra manera, puede hacer que recurran a las autolesiones.
Por ello, en muchas ocasiones, cuando nos enfrentamos a una situación que conlleva una emocionalidad intensa, y no sabemos como gestionar o afrontar, las autolesiones, en las personas que las llevan a cabo, cumplen la función de regular o manejar dichas emociones. Encuentran un alivio, una salida a ese dolor emocional, que en ese momento no saben o no conocen otras alternativas para poder gestionarlo.
A corto plazo, podemos encontrar alivio, una salida, sin embargo, los sentimientos de vergüenza y culpa, fundamentalmente, van a estar presentes de forma recurrente en la persona.
Por otro lado, a largo plazo, no solo no vamos a encontrar alivio, si no que probablemente podamos aprender una forma poco adaptativa de enfrentarnos a determinadas situaciones.
Todo lo expuesto anteriormente, nos sirve para acercarnos y entender un poco más, este tipo de conductas, sin embargo, las autolesiones no pueden reducirse únicamente a una causa, la evidencia muestra que las autolesiones pueden tener su origen también, en ciertos trastornos tales como el trastorno límite de la personalidad, el trastorno obsesivo compulsivo o el trastorno de estrés postraumático.
Por otro lado, y en relación con los factores de riesgo, la investigación muestra que algunos de ellos son: la familia, los abusos físicos, los abusos sexuales y el acoso escolar.
En cuanto a la familia, algunos adolescentes manifiestan que se encuentran con conflictos en el núcleo familiar, que no saben sobrellevar, y de ello se derivan las autolesiones, es decir, relacionan un acontecimiento, en este caso, conflictos familiares, con la conducta de infringirse un daño físico.
Por otro lado, los adolescentes que sufren algún tipo de abuso físico, viven con una carga emocional muy intensa, unido a un bajo autoconocepto, y sentimientos rechazo, no sentirse querido…, si la situación en sí, y las emociones derivadas de ella, no son expresadas, nos encontramos ante una persona con una emocionalidad intensa mal gestionada, para la cual las autolesiones suponen una vía de escape a todo ello.
Cuando un adolescente sufre abusos sexuales, pueden aparecer sentimientos de culpa, vergüenza, impotencia, rabia, ira…, es decir, nos encontramos con una serie de emociones de gran intensidad, esto puede suponer, que, ante la falta de herramientas para poder hacer frente a esta situación y a las emociones derivadas de ella. El adolescente recurra a las autolesiones para sentir cierto control de los sentimientos derivados del abuso.
Por último, y para finalizar con los factores de riesgo relacionados con las autolesiones, nos encontramos con el acoso escolar, una realidad que viven cada día más adolescentes, y, desafortunadamente, cada vez de forma más cruel. El adolescente acosado no solo se enfrenta a las agresiones verbales y/o físicas constantes por parte de los iguales, sino que tiene que convivir, en muchas ocasiones, con el caso omiso e indiferencia de otros compañeros, y en ocasiones, del propio colegio. Todo ello lleva al adolescente a sentir que hace algo mal, que tiene culpa de lo que ocurre, e incluso puede llegar a sentirse rechazado, poco arropado o apoyado, pudiendo ver como única alternativa autolesionarse, para así, minimizar ese dolor.
En definitiva, a lo largo de la vida nos enfrentaremos a situaciones complicadas y dolorosas, esto es algo que no podemos evitar, lo que si podemos hacer es aprender a gestionar las emociones derivadas de dichas situaciones, aprender a adquirir y desarrollar herramientas que nos permitan afrontar todo lo mencionado en este artículo. Tener alternativas a nuestro alcance para así, no tener que recurrir a las autolesiones, debería ser el objetivo a plantearnos.
Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas (Sigmund Freud).
Verónica de Bernardo Rodríguez
Psicóloga Clínica


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